Cambia Tu Mente, Cambia Tu Vida

Como somos seres humanos y vivimos en un mundo lleno de afanes, tratamos de encontrar nuestra felicidad a través de las cosas que nos ofrece el mundo, pero erramos al buscarlas aquí. Idealizamos el pensamiento de que, si conseguimos todas las comodidades que queramos, encontraremos la felicidad. Si consigo el auto del año, voy a ser feliz. Si consigo la casa de mis sueños, seré más feliz. Cuando tenga mi cuenta bancaria llena de dólares, ahí sí seré la persona más feliz del mundo. Esta clase de pensamiento es tan normal hoy en día que inclusive entre los cristianos nos justificamos con que no tenemos que ser conformistas. Claro, tenemos un Dios que no quiere que soñemos escasamente, pero cuando nuestros sueños pasan a un plano superior al lugar de Dios y solamente buscamos la mano de Dios y nos olvidamos del verdadero significado de ser un discípulo y ministro de Dios, es ahí cuando nos engañamos a nosotros mismos. La verdadera felicidad no viene de las cosas materiales.

Hay personas que no pueden vivir un día sin que alguien esté con ella. O parejas que son como llaveritos en el llavero del auto, que donde uno está, el otro también porque o sino ya no es feliz. Parejas que dependen uno del otro, y que su cónyuge o pareja es el centro de su vida y toda su felicidad gira en torno a esa persona. ¡ERROR! Nuestra felicidad debe ser única y exclusivamente dependiente de Dios. No podemos, como siervos de Dios, depender de los demás para estar felices o estar sonrientes y alegres. La verdadera felicidad llega por medio de Jesucristo y a través de la gracia de Dios.

Para lograr esa felicidad anhelada, lo único que debemos hacer es acercarnos cada día más a los pies de Cristo y tener una comunión más cercana con él. No existe otra fórmula más efectiva. Un ministro de Dios no puede decir que no es feliz porque eso significaría que no tiene una comunión ni una intimidad con Dios. Es una incoherencia ser ministro o discípulo de Cristo y a la vez ser una persona infeliz. La felicidad en la vida de los hijos de Dios es sumamente vital, y sin ella la vida no tiene sentido. Si no somos felices, difícilmente podamos contagiar a los demás el carácter de Cristo, difícilmente todo lo que prediquemos o digamos contagie a alguna persona. Muchas veces estamos felices cuando todo va excelente en nuestra vida, pero Dios nos dice que a pesar de todo, lo bueno y lo malo, nosotros debemos confiar en él y mantenernos fieles y alegres por todo; porque todo lo que nos pasa, es para bien a los que somos hijos de Dios. Tanto en los buenos como en los malos momentos, no debemos olvidarnos de mantener esa comunión con Dios, para que así fluya la presencia de Dios en nuestro interior y que podamos exteriorizar lo que ocurre en nuestro interior, donde el optimismo, la esperanza y la felicidad inundan.

La mayoría de las personas piensan que porque tienen todas las comodidades en su hogar, son las personas más felices del mundo. Una persona pobre que no tiene ni un techo donde pasar la noche pero le tiene a Jesús en su corazón, es la persona más feliz del mundo, en cambio una persona con todo el dinero del mundo y todas las comodidades que uno se pueda imaginar pero no le tiene a Jesús en su corazón, es la persona más infeliz del mundo. La verdadera felicidad no viene de las cosas materiales, la verdadera felicidad proviene y es Jesús.

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