La Cruz

“Hace un tiempo leí un libro donde se relata que Dios le mostró al autor una visión en la que entraba a un cementerio espiritual y se veía a sí mismo yaciendo en un ataúd. Si no lograba morir al dominio del yo, no podría acceder a todo lo que Dios había preparado para él.” Pasión de Multitudes – Dante Gebel.

¡Imagínate!

¡No morir a nuestro yo significa que no recibiremos TODO lo que Dios tiene para nosotros!

¿TODO?

¡Sí! ¡Todo!

Es muy agresivo, pero Su Palabra es muy trasparente, “y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí.” Mateo 20:38. “Y si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará.” Mateo 16:24-25.

¿Qué significa tomar la cruz? Cuando Jesús nos dice en Su Palabra toma tu cruz y sígueme”, no implica trasladarnos a esas épocas y pelear con los leones en el Coliseo, o morir quemados o apedreados. Sino que todos nacemos con un pecado genético, una cruz hereditaria, heredada de Adán y Eva. Esta “cruz”, nos permite y nos da la oportunidad de ejercer nuestra libre voluntad, el libre albedrío, para escoger entre lo que está bien y lo que está mal. Deberíamos siempre escoger el bien sobre el mal.

Al decir Jesús, sígueme”, nos da la oportunidad de nuestras vidas. Esto es si nosotros decidiéramos vivir de acuerdo a Sus Enseñanzas, con el mayor nivel de fidelidad que fuésemos capaces de lograr. Así, el Señor nos ayudaría a sobrellevar la cruz día a día, y también las otras cruces que cargamos encima.

La muerte al yo, plasma nuestro camino por la cruz. La gran mayoría no quisiera morir al yo, sino que busca alguna receta prodigiosa para poder así experimentar la plenitud de Dios en sus vidas. Pero para evitar el Calvario y dejar la cruz, no existe otro camino alternativo. Dios dice y remarca que Él no puede y no confía en las personas vivas. Todo debe morir para poder vivir.

¿Qué? Sí.

1° Corintios 15:36 dice: Necio, lo que tú siembras no se vivifica, si no muere antes.”

La ley de la naturaleza habla, de que una semilla debe ser desintegrada o muerta antes de volver a brotar, o sea la planta no está preformada en la semilla. Ejemplo. El trigo, no solo brota después de haber sido enterrado, sino que precisamente necesita ser enterrado para que brote.

La verdadera vida espiritual germina cuando la carne es crucificada. Cuando morimos al yo, Dios toma control completo de nosotros. Morir a la carne no significa cambiar tú carácter, ser un cobarde que carece de autoridad, sino que Dios aprovecha tu dominio del yo, para someterlo a los pies de Cristo.

¿Qué puede ser una cruz en mi vida? Hay tantas cosas que nos sujetan, que no nos damos cuenta que es eso lo que nos hace retroceder en los planes de Dios. Satanás te frena, te hace retroceder, aferrándote a estas cosas. O por lo contrario, te sobrecarga con tantas cosas, que de igual manera, de una o la otra, ocupas tú tiempo con cosas ociosas o cosas productivas. Las cuales te estancan en los planes que Dios tiene para ti. Nos “abultamos” el horario con trabajo, nuestro ministerio, etc. Son también formas de retenerte para no avanzar. Nos olvidamos que Dios es quien nos dió todo y le dejamos a un lado. Desperdiciamos nuestro tiempo en ver TV, hablar por teléfono, mensajes, la Internet, el celular, etc. Son cosas diarias que pensamos que son inofensivas, pero en contrapartida son las que más nos oprimen y nos hacen perder la noción del tiempo que estuvimos haciendo eso, y nos olvidamos de las cosas primordiales de nuestra vida. Como ir mejorando nuestra comunión con Dios, instruirnos en Su Palabra, capacitarnos, etc.

Debemos estar completamente muertos a nuestro yo, y sumisos a Dios para que Él cumpla Sus planes en nuestra vida. Un muerto no puede estar ansioso ni desesperado por la cosas. Tenemos que descansar en Dios. Es muy difícil y es algo complicado, al principio, entender que debemos dejar que Él haga las cosas por nosotros. Depender exclusiva y únicamente de Él para que todo nos salga a perfección. Cortar todo lazo, conexión y dependencia humana y depender solamente de Él. Así, todo lo que hagamos con Él y en Él, saldrá 100% favorable.

La única fórmula mágica, receta, manual de instrucción que existe para poder alcanzar la Plenitud de Dios en nuestra vida, es estar muerto. No hay otra. No existe otra forma.

Debo enfatizar que debemos morir todos los días, quiero decir, pagar el precio en la intimidad. Dios sigue buscando gente que esté en su secreto, cara a cara con Él.


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