Corazón Invernadero

“Practiquen el dominio propio y estén alertas. Su enemigo el diablo ronda como león rugiente, buscando a quien devorar. Resistanlo, manteniendose firmes en la fe. (1 Pedro 5.8-9)

Todo el mundo sabe que se siega lo que se cosecha. Cada uno cosecha lo que siembra. Por ejemplo, uno no puede cosechar manzanas si sembró naranjas. O no podemos cosechar amor si sembramos odio en nuestro corazón. Es sencillo de entender como sabemos que 2 + 2 = 4. Sin embargo, es extraño que lo que sabemos, cuando de cultivar la tierra se trata, tendemos a olvidarlo cuando cultivamos nuestro corazón.

Piense por un instante en su corazón como si fuera un invernadero. La función principal de un invernadero consiste en proteger el proceso de crecimiento de las semillas y el cultivo de especies más débiles. Un invernadero bien construido debe tener la atmósfera perfecta, la temperatura exacta, las medidas precisas, la luz apropiada, y ciertas características imprescindibles para que las flores y frutas crezcan apropiadamente.

Nuestro corazón es un regalo de nuestro Padre y es un lugar perfecto en el cual puede crecer algo. Ademas, como el invernadero, el corazón tiene que ser cultivado. Consideremos por un instante los pensamientos como semillas. Muchos llegaran a ser flores. Otros producirán yerba mala. Si sembramos esperanza en el, disfrutaremos del optimismo al cosechar. Si sembramos duda en el, la inseguridad reinara en nosotros. Lo que se siembra, se cosecha. (Galatas 6.7)

Si el corazón es un invernadero y los pensamientos las semillas, ¿no deberíamos tener cuidado de lo que sembramos? ¿No deberíamos ser selectivos respecto a las semillas que permitimos entrar al invernadero? ¿No debería haber un guardia en la puerta? ¿No es el guardar el corazón una tarea? Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque del el mana la vida. (Proverbios 4.23) o como dice en otra versión: Ten cuidado con lo que piensas, porque tus pensamientos gobiernan tu vida.” Creo que la segunda versión es mas contundente y nos especifica claramente.

Muchas veces somos muy permisivos con lo que entra en nuestro corazón. Llega la ira, la dejamos pasar. La venganza toca la puerta, bienvenida sea. El odio llama, lo atendemos con gusto. Muchas veces llegan las palabras hirientes de otras personas, insultos, humillaciones, habladurías de tu persona, necedades, entre otras. Como también los elogios, vituperios, reverencias, alabanzas, etc. En ninguno de los casos debemos dejar que nos afecte. No debemos creer cuando la gente nos tiene por menos. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesus para buenas obras, las cuales Dios preparo de antemano para que anduviésemos en ellas. (Efesios 2.10) Tampoco debemos enorgullecernos de nosotros mismos cuando la gente nos elogia. Pero lejos este de mi gloriarme. (Galatas 6.14)

Pensamos que podemos alojar a cualquiera cuando no es así. Aunque nuestro corazón es un regalo de Dios, El no aprueba que nosotros hagamos con el lo que se nos antoje. El es el guardia en la entrada de nuestro corazón. Y no dejara que entre nada que el no apruebe. El plan principal de Dios es que nosotros le demos la autoridad completa de nuestros pensamientos, así el puede transformarnos a su imagen. Ser como Jesus cuando estuvo en la tierra. Cerrarle la puerta a pensamientos que puedan destruir nuestra integridad.

Los pensamientos no siempre son de critica, o de humillación, insultos, o elogios y vituperaciones. Muchas veces son tentaciones. Tanto en los hombres como en las mujeres. Al varón siempre le entra por los ojos. Y el pensamiento siempre viene vestido de rojo, despampanantemente. A la mujer por los oídos, y esta cubierto con las palabras mas dulces que siempre quiso escuchar. Posteriormente, palabras van, palabras vienen, y la famosa frase, Somos adultos, ¿Que tiene de malo?

¿Que hacemos? Le abrimos la puerta de par en par? O, ¿sometemos nuestros pensamientos a Dios? Es una decisión personal. Decidamos y luego sintamos. Primero viene la decisión, después el sentimiento.

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