Salud = Ministerio Próspero

Dios no ha prometido inmunidad al que se causa daños físicos y mentales en pro del Reino. El ministro que descuida su salud no queda excluido de las enfermedades. Dios no es el autor del abuso físico y mental que nos causamos por el bien del Reino. Cuando Nietzsche dijo que “una vida sedentaria es un verdadero pecado contra el Espíritu Santo”, él expresó la razón por la cual los ministros y escritores son el máximo riesgo para las compañías de seguros. Ambas profesiones involucran demasiados límites de tiempo y demasiado estar sentados (aconsejando, investigando, escribiendo sermones, o lo que quiera), lo cual crea calor continuo en el sistema arterial.

Tener la mentalidad de que “mientras esté haciendo la obra del Señor, nada realmente malo podrá sucederme, a nivel físico”, es atentar contra nuestro cuerpo, el templo del Espíritu Santo. No porque seamos ministros de Dios, eso significa que nosotros descuidemos nuestra salud física y dejarla en manos de Dios y que él haga todo el trabajo mientras nosotros nos pasamos comiendo alimentos que no nos convienen y que van atentando contra nuestra salud. Muchas veces tenemos el concepto de que porque trabajamos las 24 horas del día, los 7 días de la semana en la obra de Dios, nada no nos puede suceder. O se contempla al cuerpo y a la mente como tesoros que deben ser cuidados como herramientas afiladas finalmente dadas por Dios para ser usadas con sabiduría o son ignoradas y nos arriesgamos a una lista sin término de enfermedades que se pueden contraer por falta de cuidado. Hacer lo primero es equilibrar la vida y tener mayor posibilidad de longevidad y efectividad; hacer lo segundo es invitar a la enfermedad. Como ministros de Dios es nuestra obligación cuidar lo que Dios nos da. Nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo y como tal, debemos cuidarlo; si no queremos hacerlo por nosotros mismos, hagámoslo porque la Biblia lo dice.

“Una vida sedentaria es un verdadero pecado contra el Espíritu Santo” -Nietzsche

Por supuesto, es cierto que este abuso físico no se limita a los ministros u otros líderes cristianos. Ocurre igualmente en el mundo secular. Pero al ministro le viene como un shock porque deja de funcionar como persona cuando suceden estas cosas, ya que obligatoriamente debe tomar un descanso de toda actividad eclesiástica. Los ministros se exigen mucho y exprimen todo el tiempo posible que puedan, pero no se dan cuenta que sutilmente se están desgastando poco a poco. Reunión de consejo, reunión de escuela dominical, sesión de consejería, confrontaciones con algunos miembros de la iglesia, son algunas de las actividades que el ministro confronta diariamente. El pastor sermonea, casa, entierra, bautiza, visita, confronta, aconseja y carga con el presupuesto sobre sus espaldas. Debe responder al consejo de ancianos y a su congregación, además de hacerlo ante su esposa y sus hijos. Debe organizar su equipo, tener alta su moral, supervisar sus áreas de responsabilidad. Debe tranquilizar, motivar, estimular, inspirar y organizar mientras mantiene un aspecto “sereno” dentro de una comunidad que puede estar desmoronándose. También debe separar sus preocupaciones personales hacia su esposa e hijos, sus deseos para ellos y su futuro, de lo que es su vocación.

A pesar de todas las responsabilidades y preocupaciones que un ministro tiene día a día, de todas maneras debe tomarse un descanso, dejar libre un día a la semana para estar completamente distanciado de toda actividad eclesiástica. Nada de estudios, bosquejar el sermón y escuchar los mil y un problemas que tienen cada uno de los miembros de la iglesia. El ministro también debería encontrar la manera de hacer ejercicios y mantenerse en forma todos los días, por lo menos 1 hora de caminata y de esta manera desechar todas las tensiones acumuladas durante el día. Estos ejercicios deberían ser diarios, no esporádicos. El ministro también debe formar al hábito de decir no a los eventos y horarios que no sean necesarios para la función de pastor. No siempre el pastor tiene que estar en todas los eventos que existan en la iglesia. De vez en cuando puede concurrir, pero evite la sensación de que tiene que estar en todos y cada uno de ellos.

El ministro no puede ser alguien que no refleje el carácter de Dios. Ni puede ser una persona que predica una cosa pero él hace todo lo contrario. Un ministro es el ejemplo para la iglesia, y como tal ejemplo, debe tener una dieta equilibrada y mantenerse en forma, no solamente para verse bien físicamente, pero si quiere continuar trabajando en su ministerio, debe cuidar su salud física para que ninguna enfermedad pueda tumbarlo en el primer intento. Es difícil cuando uno no está acostumbrado, pero Dios pone el querer como el hacer. Si estamos dispuestos a ser ministros de Dios, debemos cuidarnos físicamente para poder perdurar muchos años en el ministerio que Dios nos otorga.

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